Sin embargo se alberga en mí algún buscador infatigable. ¿Por qué no hay un descubrimiento de la vida? Algo para ponerle las manos encima y exclamar: "¿Es esto?" Mi depresión es un sentirme acosada. Estoy buscando: pero no, no es eso… no es eso. ¿Qué es entonces? ¿Tendré que morir sin haberlo encontrado? Y luego (como anoche, cuando atravesaba Russell Square) veo las montañas en el cielo: las grandes nubes; y la luna que se está alzando sobre Persia; tengo una grande, sorprendente impresión de que hay algo allí, que es "eso"? No es exactamente la belleza a lo que me refiero. Quiero decir que la cosa en sí basta: es satisfactoria; acabada. También una impresión de mi propia rareza, de la rareza de estar caminando sobre la tierra. También está ahí, la infinita extrañeza de la posición humana; estar atravesando Russell Square, con la luna allí arriba y las nubes como montañas. Quién soy yo, qué soy, y todo el resto; preguntas que siempre flotan en torno: y de pronto doy de narices con algún hecho concreto -una carta, alguien- y vuelvo a ellos con un gran sentimiento de frescura. Y así continúa. Suelo toparme frecuentemente con este "eso"...
Virginia Woolf, Diario de una escritora (fragmento).
















3 cortesanos fablaron:
"Eso" es lo que a veces ni vemos ni escuchamos, pero que está ahí esperando que le prestemos un poco de atención para poder interpretarlo.
Nos negamos a ver lo invidente, nos aislamos, pensamos que somos bichos raros y que nadie nos comprende, sentimos soledad aunque estemos rodeados de gente. Nos sentimos fuera de lugar, en una frecuencia distinta al reto de la humanidad, pero no es real.
A veces necesitamos una mano amiga que nos haga volver a la realidad.
Un texto precioso que hace reflexionar, no sé si he sabido captarlo.
Una gran mujer Virginia Woolf
y una gran escritora. Supo manejar el drama e inspiró.
Publicar un comentario en la entrada