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viernes 14 de mayo de 2010

Nada

Edward Hopper, Morning Sun (1952).
Oil on canvas. Columbus Museum of Art. Ohio.


No quise pensar más en lo que me rodeaba y me metí en la cama. La carta de Ena me había abierto, y esta vez de una manera real, los horizontes de la salvación.
"... Hay un trabajo para ti en el despacho de mi padre, Andrea. Te permitirá vivir independiente y además asistir a las clases de la Universidad. Por el momento vivirás en casa, pero luego podrás escoger a tu gusto tu domicilio, ya no se trata de secuestrarte. Mamá está muy animada preparando tu habitación. Yo no duermo de alegría."
Era una carta larguísima en la que me contaba todas sus preocupaciones y esperanzas. Me decía que Jaime también iba a vivir aquel invierno en Madrid. Que había decidido, al fin, terminar la carrera y que luego se casarían.
No me podía dormir. Encontraba idiota sentir otra vez aquella ansiosa expectación que un año antes, en el pueblo, me hacía saltar de la cama cada media hora, temiendo perder el tren de las seis, y no podía evitarla. No tenía ahora las mismas ilusiones, pero aquella partida me emocionaba como una liberación. El padre de Ena, que había venido a Barcelona por unos días, a la mañana siguiente me vendría a recoger para que le acompañara en su viaje de vuelta a Madrid. Haríamos el viaje en su automóvil.
Estaba ya vestida cuando el chófer llamó discretamente a la puerta. La casa entera parecía silenciosa y dormida bajo la luz grisácea que entraba por los balcones. No me atreví a asomarme al cuarto de la abuela. No quería despertarla.
Bajé las escaleras despacio. Sentía una viva emoción. Recordaba la terrible esperanza, el anhelo de vida con que las había subido por primera vez. Me marchaba ahora sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor. De la casa de la calle de Aribau no me llevaba nada. Al menos, así lo creía yo entonces.
De pie, al lado del largo automóvil negro, me esperaba el padre de Ena. Me tendió las manos en una bienvenida cordial. Se volvió al chófer para recomendarle no sé qué encargos. Luego me dijo:
- Comeremos en Zaragoza, pero antes tendremos un buen desayuno - se sonrió ampliamente-; le gustará el viaje, Andrea. Ya verá usted?
El aire de la mañana estimulaba. El suelo aparecía mojado con el rocío de la noche.
Antes de entrar en el auto alcé los ojos hacia la casa donde había vivido un año. Los primeros rayos del sol chocaban contra sus ventanas. Unos momentos después, la calle de Aribau y Barcelona entera quedaban detrás de mí.

Carmen Laforet, Nada.

6 cortesanos fablaron:

Juan Antonio dijo...

Un bellísimo texto y un cuadro auténticamente especial. Qué decir de ese "Nada" de Carmen Laforet. En cuanto al Hopper, prefiero contemplarlo en silencio. O mejor, contemplar en silencio cómo ella contempla en silencio... la nada?

Un beso.

Emilio M. dijo...

Es bello este aleteo relentizado en que convierte su palabra Carmen Laforet. Muchos años tiene esta novela y, sin embargo, cala profundamente en el alma.

Casualidades de la vida, conozco una Ena en Barcelona, una querida Lorena -alma noble y sensible-

Los recuerdos se amontonan con su ración de polvo. Tendré que limparlos... Marcho a ello.

Un gran abrazo, María.

Una pregunta: ¿Qué te ha llevado a publicar este extracto?

vampiresa dijo...

¡Hola! A mí me encanta el Renacimiento, tanto la forma de pensar que se tenía, como el arte...
Otras culturas preciosas son las de Al-Andalus (bellísima)y el barroco, triste pero bello en su posibilidad. Precisamente mi ciudad, Jaén, alberga la joya del Renacimiento español, aunque no se le tiene la consideración que se merece. Por eso le invito a venir a mi blog sobre Jaén, intento que tenga éxito y me gustaría compartir ideas con usted.
Besos.

Pilar Moreno Wallace dijo...

La mujer ante la ventana, y las palabras de Carmen Laforet: una combinación perfecta.

Saludos.

Lord Roy dijo...

¡Salve!

Esa novela es mortalmente grande, por eso siempre me intrigó muchísimo el caso de esa autora... Como si de pronto se quedase seca tras dar a luz esa maravilla...

Me encanta este tu blog, además yo también soy muy fan del ideario y la imaginería renacentista, y sobretodo el arte del Quatroccento, cuando era así más ingenuo y delicado.

¡Un saludo a su señoría!

PD: Por cierto, ¿Cuáles son las músicas que suenan? OwO

María_azahar dijo...

Siento no haberos podido responder antes, amigos. Como siempre, sois fantásticos y certeros en vuestros comentarios. Este extracto me hizo recordarlo mi propia conciencia y quizás estado de ánimo.

Bienvenidos, Lord Roy y Vampiressa. Lord, el título de las piezas lo tienes en el mismo reproductor.

Un fuerte beso a todos.